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Hora de hacer política en Kabul

LONDRES - A medida que los soldados de EE.UU. y la OTAN se preparan para su décima  Navidad en Afganistán, circula una nueva palabra de moda: "transición", el proceso de transferir la responsabilidad desde las fuerzas seguridad internacionales a las afganas antes de la retirada de las tropas extranjeras, cuyo comienzo se ha fijado para la primavera de 2011. Pero, para hacer realidad la esperanza que los soldados recogen de la nueva jerga, los líderes occidentales deberán forjar una estrategia política clara para Afganistán, sin que el país siga en guerra.

Los líderes militares y civiles estadounidenses y europeos han dicho una y otra vez que no existe una solución puramente militar para poner fin a la guerra en Afganistán. Sin embargo, los países de la OTAN no tienen una respuesta a la pregunta que sigue lógicamente: ¿Qué implicaría una solución política? En su lugar, prefieren recurrir a planes dominados por el elemento militar para el fortalecimiento de la capacidad del ejército y la policía afganos, al tiempo que prestan atención a la presión que existe en sus respectivos países para demostrar que el de Afganistán no será un conflicto sin fin.

Los propios afganos apoyan por abrumadora mayoría la búsqueda de una solución política al conflicto, como lo confirma una reciente encuesta de la Fundación Asia sobre actitudes nacionales. Han soportado el peso de 40 años de guerra y son muy conscientes de que las fuerzas internacionales están planificando su salida. Los temores y preocupaciones de los afganos se centran en el legado que quedará atrás, y si el Estado afgano puede garantizar la seguridad, la justicia y el buen gobierno, que hasta ahora ha sido incapaz de proporcionar de cara a una insurgencia cuya fuerza no se ha debilitado significativamente.

Los socios internacionales de Afganistán no son sensibles a estas preocupaciones y demandas. A pesar de que su retórica habla de un compromiso de apoyo al Programa de Paz y Reintegración de Afganistán, los afganos están expresando su descontento y desconfianza ante un proceso que decididamente se ha dejado al margen de la "transición".