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Una plataforma mundial para asuntos mundiales

DAVOS – Cuando el mundo entra en 2013, se está hablando mucho de una “comunidad mundial”, pero seguimos viendo señales –y, lo que es más importante, comportamientos– contrarios a esas afirmaciones.

Se debe a muchas razones, pero la principal es la velocidad, la interconectividad y la complejidad del cambio mundial, nacional e incluso individual. En un complejo sistema mundial en el que no hay un mecanismo para librarse del riesgo, persisten y se incuban unos cambios sin precedentes y unos desequilibrios en aumento: entre el consumo y la producción, los ahorros y la inversión, la economía y la ecología, la integración social y la marginación y la igualdad y la disparidad.

Durante más de cuarenta años, los dirigentes mundiales se han reunido anualmente en Davos para examinar los problemas más graves del panorama mundial y hacer propuestas para solucionarlos. Este año, la lista de los que se examinarán es larga y consta, entre otras cosas, de los problemas irresueltos en materia de deuda en los Estados Unidos y Europa, las preocupantes perspectivas económicas mundiales, la agitación en Oriente Medio y África septentrional y el pronunciado aumento del desempleo juvenil.

Es evidente que la necesidad de cooperación mundial nunca había sido tanta y los gobiernos, las empresas o la sociedad civil no pueden afrontar nuestros imperativos por sí solos. Al repasar dichos problemas, parece que el mundo sigue inmerso en la crisis y muchos son los que expresan pocas esperanzas de que la situación –en particular, la economía– vaya a mejorar, pero olvidamos lo mucho que ha mejorado el estado del mundo.