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El valor de los valores europeos

Los líderes europeos han resucitado las pláticas constitucionales que se interrumpieron en diciembre pasado a causa de una disputa por los derechos de votación. Por supuesto, esas disputas están sujetas a arreglos, que probablemente se alcanzarán. Lo que todavía es necesario establecer es un entendimiento claro de lo que se busca que la constitución logre.

Dos principios fundamentales han apuntalado la integración europea: la solidaridad y la subsidiaridad. Ambos principios se encuentran en el cruce de la filosofía, la política, la economía, la sociología y el derecho. Han estado presentes durante años en los marcos legales e institucionales de la Unión Europea -en tratados, en la Carta de Derechos Fundamentales (que los cita en su preámbulo), y en el reciente borrador para la Constitución. En resumen, forman parte de la historia y los ideales de la UE. Pero, ¿qué significan realmente solidaridad y subsidiaridad?

Consideremos la solidaridad, que está abierta a al menos dos interpretaciones: la solidaridad estática, que sólo tiene que ver con la distribución del ingreso y la riqueza, y el concepto más amplio de solidaridad dinámica, que se refiere también a la producción de ingreso y riqueza.

En la historia de posguerra de la integración europea, la solidaridad dinámica tuvo fuerza en el primer periodo (el de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero) tanto en su estrategia de desarrollo económico (la reconstrucción) como en los tratados, en particular el Tratado de Roma. Eso no significa que la solidaridad dinámica quedara suprimida posteriormente: la Unión Monetaria Europea, por ejemplo, es otra de sus expresiones.