El americano demasiado tranquilo

NUEVA YORK – Ya ha quedado patente que los Estados Unidos son el principal culpable de que las negociaciones comerciales multilaterales que se iniciaron hace diez años y se conocen como la Ronda de Doha no vayan a concluir este año. Los EE.UU. han desdeñado incluso el desesperado intento del Director General de la Organización Mundial del Comercio, Pascal Lamy, de conseguir que los Estados Miembros apoyen un acuerdo completamente desvirtuado, calificado por sus críticos de “Doha descafeinado” y que se limita a hacer algunas concesiones a los países menos adelantados.

Si bien hay actores secundarios a los que se podría señalar como los malos de la película, el embajador de los Estados Unidos ante la OMC, Michael Punke, ha adoptado el papel de Sr. No del comercio mundial, pero el problema no es Punke. La posición negativista de los Estados Unidos procede de lo alto del Gobierno de los EE.UU., comenzando por la falta de capacidad de dirección del Presidente Barack Obama.

Desde el comienzo de su presidencia, la defensa por parte de Obama de un régimen de libre comercio ha sido insuficiente. Ha dicho repetidas veces que las exportaciones son buenas para los EE.UU., porque crean puestos de trabajo, pero las exportaciones de los EE.UU. son las importaciones de otras naciones, por lo que el argumento de Obama equivale a decir a los otros que pierdan sus puestos de trabajo. Debería recordar a los americanos que las importaciones también son buenas: podría perfectamente pedir a su auditorio que piense en los empleos correspondientes a los aviones de carga de UPS, los trenes de mercancías y los camiones que transportan dichas importaciones al interior de los Estados Unidos.

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