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El terror en la puerta contigua

LONDRES – En un destacado hadith , el profeta Mahoma dijo: “Si amenaza el desorden, refugiaos en el Yemen”. El Profeta se refería al próspero y civilizado Yemen, pero el desorden y la radicalización actuales en el Yemen están empezando a afectar a Arabia Saudí y, por tanto, a la seguridad del mayor productor de petróleo del mundo.

El hadith del Profeta sobre el Yemen ha gozado de una nueva resonancia desde el decenio de 1980, cuando Arabia Saudí –en consonancia con la policía americana– intentó exportar a disidentes internos, el más destacado de los cuales era Osama Ben Laden, yemení nacido saudí, para luchar contra los infieles soviéticos en el Afganistán. Aunque se desvió a la mayoría de los disidentes hacia el Afganistán, los compañeros de Ben Laden en los que éste confiaba más (incluida su mujer) han permanecido principalmente en el Yemen.

A raíz del derrocamiento de los talibanes del Afganistán, Ben Laden y sus seguidores han llegado a considerar el Yemen, junto con el Pakistán, un refugio. De hecho, el Yemen es ahora un caldero en ebullición rebosante de yihadistas que han acudido en tropel hasta allí, porque, como el Afganistán y el Pakistán, tiene unas instituciones estatales débiles y fáciles de manipular.

La reciente orden del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, de cerrar el centro de detención de la bahía de Guantánamo ha convertido el problema de la debilidad del Yemen en una cuestión internacional destacada. Una tercera parte de los detenidos en Guantánamo son yemeníes, pero el Yemen no puede garantizar a los Estados Unidos que, si se devuelve a los detenidos a su país, podrá controlarlos eficazmente. Ese temor está justificado. Muchos de los internos de Guantánamo liberados antes han desaparecido en la clandestinidad.