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La cumbre de las bajas expectativas

SAN DIEGO – En el tiempo previo a la primera visita del presidente Barack Obama a China el mes próximo, los diplomáticos estadounidenses y chinos han estado recopilando listas de los esfuerzos de cooperación en curso en caso de que no se llegue a ningún acuerdo nuevo. En efecto, ese resultado parece probable.

Tanto los Estados Unidos como China son culpables del problema. Si bien los acuerdos requieren de un trabajo duro de las dos partes, a los estadounidenses se les está complicando negociar sus propios obstáculos políticos internos oportunamente para poder comprometerse a trabajar efectivamente con China.

En vista de que la cumbre ambiental en Copenhague está a sólo unas semanas de celebrarse, lograr un compromiso para trabajar en la cuestión del cambio climático es el desafío más urgente. Los Estados Unidos y China son los principales emisores de dióxido de carbono del mundo. Los funcionarios de la administración Obama tenían la esperanza de que la cooperación bilateral para afrontar esta amenaza común pudiera profundizar  la asociación entre ambos países del mismo modo que la amenaza soviética común acercó a Nixon y Mao en 1972.

Si Obama y el presidente de China, Hu Jintao, pudieran ponerse de acuerdo sobre qué medidas tomarían sus países y los compromisos explícitos que asumirían como parte de un acuerdo global, el resto del mundo los seguiría. Desafortunadamente, los dos países tienen posturas opuestas en cuanto al cambio climático.