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La lucha por Siria

EL CAIRO – Conforme aumenta la violencia en Siria, la parálisis de la comunidad internacional se ha vuelto cada vez más discordante. Pero el papel de las fuerzas regionales externas es casi tan importante a la hora de alimentar el derramamiento de sangre doméstico como lo que está sucediendo internamente. Si Siria pudiera liberarse de las influencias negativas de la política regional, un cambio genuino sin una violencia continua podría tornarse posible.

Siria necesita controlar su composición étnica y religiosa diversa, y definirse por una postura en el conflicto árabe-israelí. Pero eso resulta más difícil cuando los países vecinos están explotando la conformación heterogénea del país para perseguir sus propias agendas hegemónicas.

Siria, después de todo, se encuentra en el centro de fuerzas geopolíticas poderosas y antagonistas. Al este asoma Irán, con su anti-norteamericanismo, su retórica anti-occidental y sus vastas ambiciones regionales. Al sur se encuentra Arabia Saudita, con su larga amistad con Estados Unidos y su hostilidad inherente hacia la República Islámica de Irán. Y al norte está Turquía, un país pro-europeo, ampliamente secular y democrático que intenta ejercer influencia en todo el mundo árabe.

La región en Siria y sus alrededores también está poblada por grupos islamistas extremistas que intentan expandir sus esferas de influencia -y que capitalizan rápidamente la inestabilidad de cualquier país-. Siria es particularmente vulnerable en este sentido, ya que los extremistas incitan a la violencia contra grupos religiosos minoritarios usando, por ejemplo, los canales de televisión en Arabia Saudita y Siria.