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La forma correcta de reconstruir Georgia

NUEVA YORK – En la reciente reunión de donantes dedicada a Georgia, hubo una profusión de promesas de ayuda: un total de 4.500 millones de dólares… unos 1.000 dólares por ciudadano de Georgia. Ésas es la buena noticia. La mala es la de que la reunión estuvo limitada a los donantes y al Gobierno de Georgia y Transparencia Internacional criticó su opaco proceso de adopción de decisiones.

La falta de transparencia y rendición de cuentas sobre cómo se gasta el dinero en guerras y en la reconstrucción que se hace después de ellas ya no caen bien a los contribuyentes. A la luz de un aumento mundial de la demanda de ayuda y una disminución de la oferta (12 por ciento menos a lo largo de los dos últimos años), su eficacia y utilización transparente están resultando más urgentes y lo más probable es que los gobiernos que no rindan cuentas ante sus ciudadanos fallen a ese respecto.

Antes de que esas “promesas” pasen a ser “compromisos”, los donantes deben examinar cuidadosamente la estrategia de desarrollo económico de Georgia y evaluar sus planes en materia de ayuda humanitaria y para la reconstrucción. Deben preguntarse si la ayuda para Georgia contribuye a la paz y la estabilidad o si, por el contrario, obstaculiza una solución política al conflicto y aleja a los inversores.

El reciente reconocimiento de Abjasia y Osetia del Sur, como repúblicas independientes, por parte de Rusia, pese a sus estatutos de autonomía de facto dentro de Georgia desde comienzos del decenio de 1990, hará que resulte más difícil encontrar soluciones para los problema de los desplazados internos, los repatriados y la población residente en las zonas de conflicto, pero la reintegración de los grupos afectados por el conflicto a las actividades productivas es una condición sine qua non para la estabilidad política, económica y social. Las Naciones Unidas consideran que los países que fracasen en esa empresa tienen un 50 por ciento de posibilidades de volver a caer en el conflicto.