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Amarrando el despertar árabe

LONDRES – La situación económica en los países del llamado despertar árabe se está deteriorando rápidamente. Egipto se está quedando sin efectivo -antes de los recientes préstamos de rescate, las reservas monetarias alcanzaban para menos de tres meses de importaciones- y los egipcios están acopiando combustible y alimentos para anticiparse a futuras escaseces. Los cortes de energía más frecuentes y más duraderos predicen un futuro peor en una economía que ya lidia con un desempleo masivo, una exclusión generalizada y bolsones profundos de pobreza.

La estabilidad macroeconómica de corto plazo es la prioridad inmediata en Egipto y los otros países del despertar árabe. En el mediano plazo, sin embargo, la viabilidad del orden actual está en juego -y no sólo en estos países, sino en todo el resto del norte de África y Oriente Medio.

Con tanto en juego, Majid Jafar de Crescent Petroleum, con sede en EAU, tenía razón de estar preocupado en el reciente Foro Económico Mundial sobre Oriente Medio y el Norte de África en el Mar Muerto. Su propuesta de un Plan de Estabilización Árabe, inspirado en el Plan Marshall posterior a 1945 en Europa occidental, es loable. El imperativo de una acción coordinada de gran escala es acuciante. ¿Pero acaso el Plan Marshall es el modelo correcto?

El Plan Marshall fue una estrategia macroeconómica que implicó transferencias masivas de capital para ayudar a reconstruir la capacidad industrial y la infraestructura de economías desoladas por la guerra mediante instituciones bien desarrolladas. Pero lo que la región árabe necesita son inversiones micro-orientadas, basadas en proyectos y de alta gobernancia, condicionadas a una reforma profunda de un entorno empresario que generalmente se considera uno de los peores del mundo.