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La revolución que nunca fue

PARÍS – Mayo de 1968. El mundo, atónito, se encuentra con que Francia ha enloquecido. Una huelga general, que afecta a todo menos la electricidad y la prensa, detiene las actividades del país.

Ningún país desarrollado ha pasado jamás por una situación similar. Sin embargo, no es una revolución. Hay poca violencia y no hay ataques contra los edificios públicos. Algunos miles de automóviles son quemados, pero tres años después, la policía –que quería debilitar el apoyo casi unánime del pueblo al movimiento—admitirá que fue ella la responsable de la mayoría de esos incendios. Un mes después, todo vuelve a la normalidad. ¿Qué pasó?

Hace 23 años que terminó la Segunda Guerra Mundial. La gente recuerda que la Gran Depresión de 1929, que en seis meses dejó en el desempleo a 20 millones de personas, llevó a Hitler al poder. El capitalismo tiene la culpa de la guerra.

Puesto que es vital evitar que esa situación se repita, se ha establecido un acuerdo para regular el capitalismo: la estabilización social mediante la generalización del Estado de bienestar, la estabilización financiera mediante políticas keynesianas y la estabilización económica mediante políticas de salarios altos en todo Occidente.