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El regreso de la némesis de México

CIUDAD DE MÉXICO – El 1 de julio, México votará casi con toda probabilidad mayoritariamente para que el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó el país durante siete decenios, vuelva al poder. El candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, lleva una ventaja insuperable al final de la campaña. Muchos mexicanos, además de amigos extranjeros del país, temen que este giro de los acontecimientos anuncie un regreso al pasado autoritario, corrupto y desacreditado que México dejó atrás cuando el candidato del partido de Acción Nacional, Vicente Fox, obtuvo la presidencia en 2000.

Como yo contribuí a la derrota del PRI, preferiría un vencedor diferente este año: un candidato independiente, un socialdemócrata de centro izquierda o un dirigente de centro derecha que hubiera hecho campaña con lo mejor de la ejecutoria de Fox y del Presidente saliente, Felipe Calderón (al tiempo que repudiara la sangrienta y fútil guerra contra los señores de la droga de México a la que se ha lanzado Calderón), pero rechazo la idea de que una victoria del PRI restaure automáticamente el status quo ante, como si México, sus vínculos con el mundo, y el propio PRI hubieran permanecido inmóviles durante los doce últimos años.

México ha cambiado inmensamente desde 1994, la última vez en que fue elegido un presidente del PRI. Si vence Peña Nieto, tendrá que afrontar un bloque de oposición fuerte en el Congreso y casi con toda probabilidad el PRI estará en minoría en la cámara baja. Además, más de diez de los 32 gobernadores de estados serán de la oposición, mientras que el Partido de la Revolución Democrática, de centro izquierda, seguirá controlando el cargo elegido y el presupuesto que ocupan el segundo puesto en importancia del país: la alcaldía de Ciudad de México, que el PRD ha ocupado desde 1997.

Entretanto, los medios de comunicación de México son más libres, mejores y más fuertes que nunca, aun cuando en ocasiones la calidad de sus productos deje mucho que desear. La sociedad civil del país ha llegado a estar más organizada y a ser más potente y pujante. El Gobierno ya no puede hacer lo que quiera, para bien o para mal.