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Los protocolos de la cadena de noticias Fox

NUEVA YORK – Cuando oigo a miembros de la derecha republicana de los Estados Unidos calificarse de “conservadores”, experimento el equivalente mental de una ligera sacudida eléctrica.

Un conservador es alguien que, en la tradición del parlamentario inglés del siglo XVIII Edmund Burke, cree que el orden establecido merece respeto e incluso reverencia. En cambio, un progresista es alguien dispuesto a alterar el orden establecido en pos de una concepción de un mundo mejor.

El historiador whig del siglo XIX Thomas Macaulay describió bien esa diferencia. Según escribió, en Inglaterra había “dos grandes partidos”, que manifestaban una “distinción” que “ha[bía] existido siempre y deb[ía] existir siempre”.

Por un lado estaban los liberales, “una clase de hombres cargados de esperanza, con audacia para la elucubración, siempre ejerciendo presión para avanzar (...) y dispuestos a conceder valor a todos los cambios por ser mejoras. Por otro lado estaban los conservadores, “una clase de hombres que se aferran con gusto a todo lo antiguo y que, incluso cuando se los convence con razones muy poderosas de que la innovación sería beneficiosa, la aceptan con mucha aprensión y desasosiego”.