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El pueblo versus Putin

Ayudé a seleccionar a Vladimir Putin para suceder a Boris Yeltsin, el primer presidente ruso electo democráticamente. Puesto que las estructuras de la KGB y la Mafia ahora gobiernan Rusia y manipulan su sistema judicial, se supone que Yeltsin quiso definir quién sería su sucesor para evitar procesamientos legales en el futuro. Pero quienes seleccionamos a Putin teníamos la misión de encontrar a una persona que continuase las reformas de Yeltsin, no alguien que lo escudara a él y a su familia.

De hecho, Yeltsin no tenía ningún temor y no buscó su supervivencia personal, sino la de la idea democrática que introdujo en Rusia. Sin embargo, ahora esa idea está amenazada debido al sucesor que escogió.

No niego mi responsabilidad por haber apoyado a Putin. No éramos amigos cercanos, pero trabajamos juntos en situaciones críticas, y nunca dudé de su sinceridad. Putin actúa guiado por sus convicciones. El problema es que éstas, incluida su creencia de que Rusia sólo puede prosperar si es gobernada por un poder originado en una sola fuente, son erróneas. Este gran error está llevando a Rusia a la ruina política.

Por supuesto, nadie que ocupe un alto cargo deja de cometer errores, incluso algunos fundamentales, y esto es particularmente cierto en periodos tumultuosos. Yeltsin no fue una excepción, pero él los reconoció. Por ejemplo, cuando se retiró en la víspera de Año Nuevo de 1999 pidió perdón por haber iniciado la guerra de Chechenia. En contraste, Putin parece incapaz de reconocer y admitir sus errores, y persiste en la implementación de una política mucho después de que su fracaso es evidente para todo el mundo.