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La nueva diplomacia pública

CAMBRIDGE – El mundo de la política del poder tradicional normalmente tenía que ver con el ejército o la economía de quién ganaría. En la era de la información de hoy, la política también tiene que ver con la “historia” de quién gana.

Las narrativas nacionales, por cierto, son un tipo de moneda. Los gobiernos compiten entre sí y con otras organizaciones para mejorar su propia credibilidad y debilitar la de sus oponentes. Basta con observar la disputa entre el gobierno y los manifestantes después de las elecciones iraníes en junio de 2009, en las que Internet y Twitter desempeñaron un papel fundamental, o la reciente polémica entre Google y China.

La reputación siempre ha importado en la política mundial, pero la credibilidad se ha vuelto crucial debido a una “paradoja de la abundancia”. Cuando la información es abundante, el recurso que escasea es la atención. En estas nuevas condiciones, y más que nunca antes, una venta blanda puede resultar más efectiva que una venta agresiva.

Por ejemplo, la relativa independencia de la BBC, a veces un motivo de preocupación para los gobiernos británicos, ha redituado dividendos altos en materia de credibilidad, como quedó ilustrado por este relato de un día en la vida del presidente de Tanzania, Jakaya Kikwete: “Se levanta al alba, escucha el Servicio Mundial de la BBC, luego revisa la prensa de Tanzania”.