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La némesis del poder turco

PARÍS – Hace unos días, el Primer Ministro turco, Recep Tayip Erdŏgan dijo a Al Jazeera, la red de televisión panárabe, que recurriría a sus buques de guerra para impedir que comandos israelíes volvieran a abordar barcos destinados a Gaza, como hicieron el año pasado, y en un discurso en El Cairo, declaró que su apoyo al reconocimiento por las Naciones Unidas de un Estado palestino era “una obligación”.

Así, pues, ¿será un “verano turco” el primero, si no el principal, resultado de la “primavera árabe”? ¿Afronta Oriente Medio un irresistible ascenso al poder regional de una Turquía neootomana? ¿Y podría estar presenciando el mundo la “orientalización” de Turquía?

Tras la estruendosa respuesta – “no, sí, pero”– de la Unión Europea a la solicitud de adhesión de Turquía, las revoluciones árabes han reforzado entre los turcos la atracción de Oriente, al tiempo que liberaban su mezcla de impulsos nacionalistas y religiosos. De hecho, Erdŏgan hace más referencias a Dios en sus declaraciones públicas actuales que en el pasado.

En los últimos años, el mundo occidental ha estado preguntándose, con una mezcla de culpa y aprensión, “quién perdió a Turquía”, pero, ¿no será Turquía, cautivada por de sus éxitos económicos y diplomáticos, la que esté corriendo el riesgo de perderse a sí misma?