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El mito de la meritocracia china

CLAREMONT (CALIFORNIA) – A veces los escándalos políticos desempeñan una función valiosa en la limpieza de gobiernos. Destruyen las carreras políticas de las personas de carácter dudoso. Más importante es que pueden echar por tierra mitos fundamentales para la legitimidad de algunos regímenes.

Así parece ser en el caso de Bo Xilai en China. Un mito político duradero que se hundió junto con Bo, el ex jefe del Partido Comunista del municipio de Chongqing, es el de que el gobierno del partido se basa en la meritocracia.

En muchos sentidos, Bo personificó el concepto chino de “meritocracia”: muy instruido, inteligente, sofisticado y encantador (principalmente para los ejecutivos occidentales), pero, después de su caída, surgió un panorama muy diferente. Aparte de su supuesta participación en diversos delitos, se dijo que Bo era un apparatchik despiadado, con un ego desmesurado, pero sin verdadero talento. Su ejecutoria como administrador local fue mediocre.

El ascenso de Bo al poder debió mucho a su linaje (su padre fue Viceprimer Ministro), a sus protectores políticos y a su manipulación de las reglas del juego. Por ejemplo, quienes visitan Chongqing se maravillan ante los altísimos rascacielos y las modernas infraestructuras construidas durante el mandato de Bo en ese municipio, pero, ¿acaso saben que la administración de Bo se endeudó por valor del 50 por ciento del PIB local para financiar un delirio de construcción y que una gran parte de dicha deuda no se llegará a pagar?