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El fin de la exuberancia de China

MILÁN – El crecimiento de China se ha desacelerado considerablemente desde 2010, y podría desacelerarse aún más – lo que inquieta a los inversionistas y los mercados mucho más allá de las fronteras del país. En vista de que muchos de los motores tradicionales de la economía global están varados a baja velocidad, el desempeño de China se ha vuelto cada vez más importante.

Sin embargo, actualmente las tasas de crecimiento de las exportaciones chinas y los índices conexos en materia de manufacturas han caído, debido principalmente a una débil demanda externa, particularmente en Europa. Además, las autoridades chinas están desacelerando gradualmente el otro motor principal del crecimiento de su país, la inversión pública, ya que los proyectos de bajos rendimientos parecen generar demanda agregada, pero se vuelven insostenibles con bastante rapidez.

El gobierno está utilizando varios instrumentos, incluida la disciplina crediticia del sector financiero, para controlar la demanda de inversiones. Básicamente, se está retirando la garantía del gobierno que va asociada al financiamiento de la inversión pública – como debe ser.

No obstante, para eludir las restricciones del sistema financiero dominado por el Estado, se ha desarrollado un sistema bancario paralelo, que ha creado riesgos nuevos: distorsiones económicas; dependencia de un apalancamiento excesivo para impulsar el crecimiento en los sectores de consumo, inmobiliario, corporativo y público; y peligros que tienen que ver con una reglamentación inadecuada. Como resultado, a los inversionistas les preocupa que China caiga en el modelo de crecimiento basado en el apalancamiento excesivo que ha resultado perjudicial para muchas economías desarrolladas.