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Por qué Bo acaparó la atención

CLAREMONT, CALIFORNIA – A medida que continúan los juicios simulados, el dramatismo que tiene como figura a Bo Xilai, el otrora arrogante experto en medios, ex dirigente en Chongqing del Partido Comunista Chino (PCC), entró insólitamente en el terreno de la improvisación. Antes de que empezaran los procesos, la sabiduría popular decía que el juicio de Bo se había preparado y ensayado cuidadosamente a fin de presentar a un penitente desesperado que confesaba sus faltas y pedía perdón al Partido.

Sin embargo, el histórico juicio de cinco días descartó cualquier idea de que Bo se iría tranquilamente a cumplir su pena en la infame prisión de Qincheng en Beijing, donde están encarcelados los principales dirigentes caídos de China. Desafió enérgicamente la persecución y se defendió con tal combatividad que sorprendió a muchas personas que leían las transcripciones emitidas en tiempo real por el Tribunal el primer día del proceso.

Bo desestimó a uno de sus acusadores y le dijo que había “vendido su alma”. Describió el testimonio de su esposa, Gu Kailai, que tiene una pena capital suspendida por el asesinato en 2011del empresario británico, Neil Heywood, como “cómico, ficticio” y además la llamó “loca”.

A lo largo del juicio, Bo negó categóricamente muchos de los cargos de corrupción de los que a menudo decía desconocer los hechos; además argumentaba que no podía recordar ningún detalle sobre el asunto en cuestión. Incluso se retractó de la confesión que hizo ante la agencia anticorrupción del PCC, y alegó haberla hecho bajo estrés mental y que había aceptado sobornos de un hombre, al que calificó de “desalmado” en el Tribunal. En su declaración final dio información explosiva: señaló que Wang Lijun, su ex jefe de Policía y secuaz (y “personaje vil”) estaba secretamente enamorado de su esposa.