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La política de China durante la desaceleración

SINGAPUR – La reciente agitación financiera en China, que llevó a que las tasas de créditos interbancarios se disparasen hasta alcanzar los dos dígitos en pocos días, brinda una confirmación más de que la segunda economía del mundo se encamina a un aterrizaje forzoso. Impulsada por un crecimiento masivo del crédito (equivalente al 30 % del PBI entre 2008 y 2012), la economía china ha alcanzado el mayor nivel de apalancamiento financiero entre los mercados emergentes. Esto no terminará bien.

De hecho, un estudio reciente de Nomura Securities detectó que el perfil de riesgo financiero chino actual se asemeja asombrosamente a los de Tailandia, Japón, España y Estados Unidos en vísperas de sus crisis financieras. Cada una de las economías golpeadas por la crisis había aumentado su apalancamiento financiero –la relación entre el crédito interno y el PBI– 30 puntos porcentuales en 5 años poco antes de que estallaran sus burbujas crediticias.

Los economistas que insisten en que el apalancamiento financiero chino no es demasiado elevado constituyen una menguante minoría. Ciertamente el Banco Popular Chino, que implementó una reducción del crédito en junio, para desalentar el crecimiento del endeudamiento, parece creer que el apalancamiento financiero ha alcanzado niveles peligrosos. Las únicas preguntas a responder ahora tienen que ver con el cuándo y el cómo del desapalancamiento.

Al momento, quienes observan a China se centran en dos escenarios. Según el primero, China logra un aterrizaje económico suave gracias a la adopción por parte de sus líderes de ingeniosas políticas para frenar el crecimiento del crédito (especialmente a través del sistema de la banca en la sombra), empuja a los prestatarios sobreapalancados a la bancarrota e inyecta recursos fiscales en el sistema bancario para apuntalar su base de capital. El crecimiento del PBI chino, que depende fuertemente del crédito, se verá golpeado. Pero el proceso de desapalancamiento será gradual y ordenado.