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El juego de la inmigración

Los Libros Verdes, como se los llama en Europa, o los Libros Blancos, como se los llama en los Estados Unidos y en Gran Bretaña, son con frecuencia meros ensayos retóricos: estudios respaldados por los gobiernos en los que se exponen principios generales que probablemente no se apliquen nunca en la práctica. El reciente Libro Verde publicado por la Comisión Europea sobre la migración internacional no es una excepción.

De hecho, ese libro es un batiburrillo de ideas ilógicas y mal concebidas encaminado a “lanzar un debate público” sobre esa cuestión, “mediante un planteamiento de abajo arriba y no de arriba abajo”. Pero, si bien el objetivo es el de “armonizar las políticas relativas a los migrantes económicos en toda la UE”, al comienzo del Libro se declara que la decisiones al respecto deben seguir correspondiendo a la jurisdicción exclusiva de los gobiernos nacionales. Algunas de las normas que se proponen son inaplicables... y, por tanto, sólo servirían para aumentar el papeleo a los emigrantes y los empleadores, para cuya administración harían falta grandes burocracias públicas.

Si las decisiones siguen siendo competencia exclusiva de los gobiernos nacionales, la coordinación de las políticas nacionales de migración seguirá siendo un sueño. No hay señales en la UE de que las reglamentaciones nacionales de la migración económica estén convergiendo.

Las políticas sobre los migrantes se están volviendo cada vez más duras, en particular en los países que ya tenían la disposiciones más restrictivas al respecto. Desde 1995, en la UE de 15 miembros hubo 26 reformas de las políticas de migración: dos terceras partes de ellas endurecieron los reglamentos aumentando los obstáculos de procedimiento que afrontan los solicitantes de visado, reduciendo la duración de los permisos de trabajo o dificultando más la reunificación de la familia.