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La hegemonía de los fondos de cobertura

La reciente volatilidad en los mercados globales de capital debería hacer vacilar a quienes dicen que los líderes alemanes, que vienen defendiendo una mayor transparencia en los fondos globales de cobertura, simplemente son malos perdedores. En particular, los estrategas políticos de Estados Unidos y Gran Bretaña dicen que el lamento alemán es una tontería y que los fondos de cobertura, junto con otras entidades financieras de la nueva era como las empresas privadas de inversiones, son innovadores clave en la economía global de hoy.

Este debate está en el primer plano de la globalización hoy en día, aunque todavía está empañado por una dosis saludable de egoísmo nacional. Siendo Nueva York y Londres los centros de las finanzas globales, Estados Unidos y Gran Bretaña tienen enormes ganancias en juego. De manera que les resulta conveniente minimizar la probabilidad de que los riesgos para el sistema financiero mundial se propaguen de manera más pareja que los beneficios.

Los líderes alemanes, en cambio, deben lidiar con un pueblo que es profundamente reacio al cambio rápido, en especial cuando se trata de recortes de empleos. Muchos trabajadores alemanes creen, como se lamentaba recientemente un sindicalista, que las adquisiciones son impulsadas por una filosofía de ampquot;comprar, devastar y tirarampquot;.

Sin duda, las ganancias que actualmente obtienen las principales compañías financieras son asombrosamente elevadas. Goldman Sachs, la respetable firma de Wall Street que está en el epicentro de la globalización financiera, pagó más de 16.000 millones de dólares en compensaciones a sus 25.000 empleados en 2006, y repartió otros 9.000 millones entre sus accionistas -un total que es superior al ingreso anual de la mayoría de los países africanos.