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El reverdecimiento de China

Hay dos países -China y Estados Unidos- que siguen apartados de los esfuerzos globales para crear un nuevo marco post-Kyoto del cambio climático. Hace cincuenta años, el resto del mundo podría haber continuado tratando de resolver el problema de las emisiones de gas convencional y de efecto invernadero y dejado que China y Estados Unidos se pudrieran en sus propios desperdicios. Pero el mundo ahora es tan interdependiente que lo que pasa en un lugar afecta a todos los demás.

Por ejemplo, tanto visitantes como residentes han considerado desde hace mucho a Hong Kong como una bella ciudad cerca de la costa del Mar Meridional de la China. Pero, al menos durante cinco años, los ciudadanos de Hong Kong han estado empezando a toser y a tener problemas al respirar debido al aire cada vez más degradado de la ciudad. Las grandes empresas incluso se están quejando de que no pueden atraer talentos extranjeros.

Con seguridad, la contaminación proveniente de las plantas de generación de energía de Hong Kong, del número creciente de automóviles y la floreciente industria marítima se puede reducir. Pero la parte más grande de esta bruma industrial –como la contaminación creciente de sus aguas costeras- es el resultado directo de la rápida industrialización del delta del río de las Perlas, que está cruzando la frontera en la provincia de Guangdong en China. China no sólo está exportando cada vez más y más productos sino también su degradación ambiental.

La realidad ineludible es que el futuro de Hong Kong y de China están íntimamente vinculados. Hay aproximadamente 58 mil fábricas en el delta del río de las Perlas que tienen relaciones con Hong Kong y en conjunto emplean a más de 10 millones de trabajadores. Guangdong representa aproximadamente el 30% del comercio exterior total de China, mientras que Hong Kong es el centro financiero internacional del país.