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Las bandas de América Central

Recientemente los presidentes de América Central se reunieron en Tegucigalpa, Honduras para idear una política común contra las incontrolables bandas callejeras de la región. El presidente hondureño Ricardo Maduro, electo tras una campaña basada en la "cero tolerancia", resumió la opinión colectiva: "las bandas se han internacionalizado y nosotros vamos a responder con fuerza y con mano dura".

El problema de las bandas juveniles en América Central no es nuevo. En El Salvador las bandas se volvieron un problema a finales de los años ochenta; en Guatemala y Honduras, las bandas aparecieron en la primera mitad de los noventa. Desde entonces su número se ha multiplicado.

La mayoría de las explicaciones sobre el crecimiento de las bandas se centran en dos causas: las prolongadas guerras civiles que asolaron a América Central durante los años ochenta, y la política de deportación de Estados Unidos. Sin embargo, estas teorías no reflejan las realidades locales. Honduras, el país con el problema de bandas más serio, nunca experimentó una guerra civil. Nicaragua y México, países que reciben muchos deportados de Estados Unidos, nunca han tenido la cantidad de miembros de bandas que se ven en El Salvador y en Guatemala.

No se puede negar que las guerras civiles de la región y las deportaciones de Estados Unidos agravan la crisis de las bandas, pero las razones fundamentales por las que hombres y mujeres jóvenes se unen a las bandas radican en las condiciones sociales locales. Los miembros de las bandas provienen de familias violentas y disfuncionales, de la histórica y sistemática marginación socioeconómica de los pobres de la región y de la cultura de la agresión. Las bandas florecen por causa de instituciones débiles que no garantizan ni respetan los derechos fundamentales de los niños y de los jóvenes.