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El faraón caído

El movimiento Kifaya de Egipto ha subido la apuesta en su oposición al régimen del Presidente Hosni Mubarak al publicar un vasto informe que se atreve a proporcionar nombres y a dar detalles de la corrupción entre los líderes del país. Nada en la larga historia de Egipto ha igualado nunca esta exhibición de la ropa más sucia del país.

La conducta de Kifaya es especialmente audaz dado el endurecimiento del gobierno para preparar el camino de la sucesión del hijo de Mubarak, Gamal. Por ejemplo, una ley reciente establece un castigo para cualquiera que corra el rumor de que Gamal será el próximo presidente.

La corrupción en Egipto, como en otros Estados árabes, es tan profunda que socava la posibilidad de avance económico, de niveles de vida más elevados, de la libertad de los medios de comunicación, de tribunales independientes y de la democracia. La élite política de Egipto, temerosa de la cobertura crítica de los medios, de ser derrotada en elecciones justas e incluso de ir a la cárcel, prefiere el régimen existente y se opone a cualquier reforma significativa.

Ese es uno de los temas centrales del informe, titulado La corrupción en Egipto: una nube negra que nunca desaparece. El informe sostiene que mientras el sistema se corrompa desde arriba y mientras el único modo en que la gente común pueda lidiar con el gobierno sean los sobornos, la ineficiencia reinará y las personas se engañarán mutuamente. La única forma de romper este círculo vicioso es remplazando al régimen.