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El reinado de terror de Sadam Hussein esta terminando

El reinado de terror de Saddam Hussein está por acabar. Su gobierno baathista, sin embargo, no se irá solo. En una justa ironía el que las Naciones Unidas esté cayendo con él.

Quizás no desaparecerá toda la ONU. Seguirán funcionando las áreas dedicadas a los "buenos trabajos" (es decir, las burocracias de cuerpos de paz de bajo riesgo, o aquéllas que luchan contra el SIDA y la malaria, o protegen a los niños). El edificio donde se habla sin parar, en el East River de Nueva York, seguirá haciendo sonar su letanía de quejas. Lo que murió con la falta de voluntad del Consejo de Seguridad para apoyar la fuerza como forma de implementar sus propias resoluciones acerca de la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Irak fue la fantasía, que ha existido por décadas, de que la ONU era la base del orden mundial.

Al reconstruir los restos humeantes que deje la guerra para liberar a Irak, será importante señalar (y, mejor aún, comprender) el fracaso intelectual de la fantasía liberal de una seguridad lograda mediante leyes internacionales administradas por instituciones internacionales.

Cuando los iraquíes liberados den testimonio de la pesadilla medieval del gobierno de Saddam, no debemos olvidar quién apoyó esta guerra y quién no, quién contribuyó a que la autoridad moral de la comunidad internacional se empantanara en pretextos para dar más tiempo a los inspectores de armas de la ONU, y quién marchó contra el "cambio de régimen". En el espíritu de la reconciliación de posguerra que los diplomáticos siempre están gustosos de engendrar, no nos debemos dejar llevar a la tímida y fracasada noción de que el orden mundial requiere que retrocedamos ante estados canallas que aterrorizan a sus ciudadanos y amenazan a los nuestros.