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La caída de Francia

La influencia francesa en Europa está decayendo y el Presidente Jacques Chirac es en gran medida el responsable. Siguió la opción correcta antes de la guerra del Iraq -la intervención de los Estados Unidos nunca estuvo justificada y ha resultado un fracaso terrible-, por lo que sintonizó con una oposición en ascenso, europea e incluso mundial, al gobierno de Bush, pero no ha conseguido transformar su posición para que fuera la de un liderazgo permanente.

La talla y la experiencia de Chirac deberían haberle permitido agrupar a toda Europa antes de la crisis, durante ella y después de ella, pero en ningún momento se propuso desempeñar ese papel. Frente al unilateralismo americano, no consiguió promover soluciones multilaterales realistas. Al contrario, pese a haber adoptado la posición correcta respecto del Iraq, Chirac quedó aislado y su aislamiento aumentó, porque no consiguió restablecer unas relaciones satisfactorias con el Presidente Bush. De hecho, con Chirac Francia parece cada vez más arrogante, una nación convencida de la corrección de sus opiniones y la universalidad de su modelo... las acusaciones que con tanta frecuencia se hacen precisamente a los Estados Unidos de George W. Bush.

Chirac agravó sus errores sobre el Iraq en su actitud ante la nueva Comisión Europea. En la antigua Comisión, encabezada por Romano Prodi, Francia tenía una representación poderosa, con Pascal Lamy en la cartera de Comercio. Lamy tiene un prestigio ampliamente reconocido por sus aptitudes, su capacidad intelectual y su fuerte personalidad. Para mantener el peso de Francia en la Unión Europea, Chirac debería haber vuelto a confirmar a Lamy, cuando José Manuel Barroso pasó a ser el Presidente de la Comisión.

Pero, para Chirac, Lamy tenía dos defectos fatales: es socialista y partidario de la reforma de la Política Agraria Común. Chirac, ministro de Agricultura de Georges Pompidou en el decenio de 1970, quiere mantener la PAC tal como es. Por esa razón, Chirac substituyó a Lamy por Jacques Barrot, político honorable y experto, pero no demasiado al tanto de los asuntos europeos y desconocedor de otras lenguas, aparte del francés.