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La participación de la Unión Europea en Afganistán

El retiro del británico Paddy Ashdown como candidato al puesto de enviado de Naciones Unidas a Afganistán significa que la comunidad internacional todavía tiene camino que recorrer antes de que pueda hablar con una sola voz en ese país. Esa voz unificada es necesaria, puesto que seis años de guerra y la mayor operación militar en la historia de la OTAN no han logrado someter a la insurgencia afgana, lo que hace que el gobierno cada vez más corrupto del Presidente Hamid Karzai siga dependiendo de la permanencia de las fuerzas internacionales.

Afganistán sigue siendo el quinto país más pobre del mundo y el mayor productor de opio, con un Estado central débil al que el caudillismo y la insurgencia de los talibanes debilitan aún más. Hay muchas razones que explican lo anterior, pero al menos parte de la culpa es de la Unión Europea.

En el papel, los esfuerzos de la UE son impresionantes. Veinticinco países de la UE han contribuido con tropas al ejército de 35,000 efectivos de la OTAN en Afganistán, y ahora representan más de la mitad de todos los soldados. Los Estados de la UE controlan la tercera parte de los Equipos de Reconstrucción Provincial (PRT, por sus siglas en inglés) y junto con la Comisión Europea, han cubierto la tercera parte de los gastos de la reconstrucción del país posterior a 2001.

Pero de hecho, el apoyo europeo a la misión en Afganistán es limitado y la cooperación entre los gobiernos donantes de la UE y la Comisión Europea sigue siendo inadecuada.