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¿El fin de Ucrania?

El futuro de Ucrania como estado independiente y democrático está en entredicho. El Presidente Leonid Kuchma ha sido acusado de ser cómplice en el asesinato de Georgy Gongadze, un periodista cuyo cuerpo decapitado y mutilado fue identificado esta semana, meses después de su desaparición. Las revelaciones sobre el involucramiento de Kuchma en diversos crímenes, desde el asesinato hasta la corrupción, provienen de un ex-guardaespaldas, quien después de instalar micrófonos ocultos en la oficina del Presidente, filtró grabaciones que, de resultar auténticas, constituyen acusaciones devastadoras.

Kuchma ha declarado que está en favor de que se haga una investigacion, e incluso sugirió que ésta incluya a expertos extranjeros. Aunque se trata de un gesto loable, no podrá hacerse realidad a menos que el presidente se aparte y permita que la investigación avance.

Aunque afirma que apoyará la investigación, el Presidente Kuchma aprovecha cualquier oportunidad que se le presenta para atacar a sus adversarios. En una carta dirigida al Financial Times sostuvo que “mis principales acusadores son precisamente los mismos que han obstaculizado la transformación de Ucrania en una economía libre” y condenó a sus críticos por utilizar la muerte de Gongadze como “arma política diseñada para desestabilizar a Ucrania”. Kuchma se refirió públicamente a las multitudes que se han manifestado en su contra como “una manada con distintas banderas”.

Si Kuchna persiste en su actitud recalcitrante, sigue atacando a sus adversarios políticos y a los medios y obstaculiza la investigación, se arriesga a relegar a Ucrania al mismo destino de su vecino, Bielorusia, donde un régimen represivo, aceptado únicamente por Rusia, acalla a las voces independientes y a la oposición política.