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Las consecuencias económicas de  Silvio Berlusconi

MILÁN – Silvio Berlusconi ha sobrevivido a un voto de confianza, pero su gobierno está prácticamente muerto. No se puede gobernar un país con una mayoría tan justa: no durante mucho tiempo.

La única decisión importante que este cuarto gobierno de Berlusconi se ha molestado en adoptar ha sido la de no decidir. Hace dos años, cuando la crisis financiera sacudió el mundo, Berlusconi optó por evitar cualquier intervención normativa para contrarrestar la gran recesión, lo que contribuyó a la reducción más profunda de la producción de la historia de Italia en la posguerra, con una disminución acumulativa del 6,5 por ciento del PIB. De los miembros del G-20, sólo el Japón tuvo resultados peores.

Lo extraordinario es que Italia tuvo el doble de reducción de la producción que Francia, otro gran país de la OCDE que, como Italia, se había librado de las causas profundas de la crisis: una secuencia de auge y depresión del sector inmobiliario y una grave crisis bancaria. Lo paradójico es que la inacción del gobierno de Berlusconi previno un mayor deterioro del déficit público. A la luz de la actual crisis de la deuda que está agitando la zona del euro, las ventajas de una política de inercia resultan fáciles de advertir. La situación de Italia podría haber sido hoy mucho peor de lo que es.

Los problemas de la economía italiana y las cuestiones más importantes en materia de sostenibilidad de la enorme deuda pública del país se deben al escaso crecimiento de la producción potencial. Como también revela la estructura temporal de las permutas de riesgo de crédito correspondientes a la deuda italiana, a los inversores no les preocupa la ley de presupuestos para 2011, pongamos por caso. En cambio, les preocupan las condiciones económicas de Italia en los próximos cinco a diez años.