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La Ronda del Desarrollo que no lo fue

Sean cuales fueren las medidas que se adopten para salvar la cara, la reunión que se celebrará en Hong Kong a mediados de diciembre para concluir la actual Ronda del Desarrollo de las negociaciones comerciales mundiales fracasará casi con toda seguridad en la única prueba que importa: la de si semejante acuerdo fomentará el desarrollo de los países más pobres. Los cínicos dirán que, como ocurrió en los acuerdos comerciales anteriores, los países avanzados se proponían ofrecer sólo lo mínimo en materia de concesiones y al tiempo causar el máximo de "impresión" para ganarse a los países en desarrollo.

Lo que ha sucedido desde el comienzo de la Ronda del Desarrollo en Doha en noviembre de 2001 ha sido una enorme decepción para mí. Como economista jefe del Banco Mundial, examiné la Ronda del Uruguay de 1994 y concluí que tanto su programa como sus resultados discriminaban a los países en desarrollo. En marzo de 1999, acudí a la sede de la Organización Mundial del Comercio en Ginebra para pedir una ronda del desarrollo con la que remediar esos desequilibrios. Por un tiempo, pensé que mi llamamiento había sido escuchado.

Hace dos años, el Commonwealth, un grupo heterogéneo de países del Norte y del Sur, la mayoría de ellos ex colonias británicas, me pidió que preparara un estudio sobre cómo sería una auténtica ronda del desarrollo. Este mes, la Oxford University Press publica una versión ampliada de ese informe, titulada Comercio justo para todos. Así puede el comercio fomentar el desarrollo.

Tal como fue concebida y más aún como se ha desarrollado, la Ronda del Desarrollo actual no merece ese nombre. Muchas de las cuestiones que ha abordado nunca deberían haber figurado en el programa de una auténtica ronda del desarrollo y han faltado en él muchas que eran necesarias.