Paul Lachine

El espejo chino

TOKIO – La última década del siglo XX fue una bola de cristal para cualquiera que se asomara al futuro de la región Asia-Pacífico. La economía de Japón, que alguna vez fue el líder de la región, estaba “perdida” después de la explosión de su burbuja de activos, mientras que China superó el estancamiento económico que siguió a la crisis de la Plaza Tiananmen de 1989 para emprender su camino actual de crecimiento acelerado. El acalorado debate de hace diez años sobre el rápido crecimiento de China –si representaba una amenaza o una oportunidad—ahora se ha calmado y se ha convertido en la convicción generalizada de que un desarrollo regional más amplio sería imposible sin él.

Tres cambios clave que se han dado en China dan lugar a otras implicaciones geopolíticas para la región y el mundo. El primero tiene que ver con el patrón del crecimiento económico chino, que hasta ahora se ha logrado principalmente mediante aumentos rápidos de la producción de los factores –el trabajo, el capital y la energía. Sin embargo, investigaciones recientes indican que alrededor de una tercera parte del crecimiento económico de China procede del progreso tecnológico, o de un aumento de la productividad total de los factores. Dicho de otro modo, el patrón de crecimiento del país comienza a parecerse al de las economías industrializadas, lo que sugiere que el crecimiento será cada vez más equilibrado.

La segunda transformación es la apreciación sustancial del renminbi, que parece inevitable en los próximos años. Actualmente, dada la importancia de las exportaciones para la economía china, su gobierno se muestra reacio a permitir una revaluación importante, a pesar de las fuertes presiones por parte de los gobiernos extranjeros para que se permita que el renminbi se aprecie de conformidad con el enorme superávit comercial del país. Sin embargo, los funcionarios chinos saben que la apreciación del renminbi también le interesa a China, con el fin de aplacar las presiones inflacionarias. Por lo tanto, el gobierno chino parece estar dispuesto a permitir que el renminbi se aprecie, pero la pregunta es a qué ritmo.

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