Paul Lachine

Brasil exhausto

RÍO DE JANIERO – Las demostraciones que sacuden a la sociedad brasileña canalizan un sentimiento generalizado: ¡ya basta! Pero, excepto en el caso de los agitadores profesionales, no hay odio en las protestas callejeras. En su lugar, lo que hay es una especie de cansancio impaciente.

Los brasileños están cansados de ser tratados brutalmente por el transporte público en las zonas metropolitanas del país; cansados de los hospitales espantosos; cansados de los escándalos de corrupción; y están particularmente cansados de la inflación, que ha regresado como una temida enfermedad para erosionar una vez más el poder adquisitivo de la gente y amenazar con el regreso de millones de personas a la pobreza, de la que habían escapado hace tan poco.

Es difícil estar en desacuerdo con los manifestantes. Sin embargo, hay muchos motivos económicos para preocuparse por las demostraciones.

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