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Las Anteojeras de los Izquierdistas

¿Es 1956 para la Izquierda? Bueno, pues sí.

En todo el mundo, la Izquierda cayó en confusión y crisis después del discurso en el que Khrushchev expuso en 1956 (algunos de) los crímenes de Stalin. No fueron sólo los miembros del Partido Comunista los que estaban pasmados ante las revelaciones de Khrushchev; los progresistas de todas las facciones -desde sindicalistas hasta trostkystas- se vieron forzados, si eran honestos y suficientemente valientes, a reconsiderar creencias arraigadas desde tiempo atrás.

Lo sucedido el 11 de septiembre ha llevado a quienes nos pensamos progresivos -quienes creen en la democracia, el feminismo, los derechos humanos y el socialismo- a una crisis del tipo de 1956. Con eso no quiero decir que los fundamentalistas islámicos que declararon la guerra a "los infieles" (incluyendo muchos de su propia gente) sean stalinistas (aunque los dos grupos ciertamente comparten algunas características). Pero sí quiero decir que debemos, si somos honestos y suficientemente valientes, reconsiderar muchas de las creencias que hemos tenido por largo tiempo. Para cuestionar la autoridad debemos ahora empezar por cuestionar la nuestra.

¿Estamos listos para esa tarea? No estoy para nada segura de que lo hagamos mejor que nuestros antecesores de los años cincuenta; el resultado de los años de recato político autoimpuesto es confusas, estridentes y obtusas formas de tratar con (¿o será evitar?) el mundo. Debo decir en este punto que para mí este artículo es primordialmente autocrítico; pero sé, también, que a pesar de que el universo de la "progresividad" al que me dirijo no es infinito, sí incluye a más de uno.