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El ayatolá y las brujas

WASHINGTON, DC - Mahmoud Ahmadinejad ha caído en el error que cometen todos los presidentes de Irán: ha desafiado la autoridad del líder supremo del país, el ayatolá Ali Jamenei. Está condenado al fracaso.

El desafío de Ahmadinejad es una parte predecible de la política iraní que ha llegado a ser conocida como "el síntoma del presidente", que surge de la convicción de un presidente de que, como líder elegido por el pueblo, no debe verse limitado por la supervisión del líder supremo. Sin embargo, la historia de la república islámica está llena de intentos fallidos de sus presidentes por consolidar un centro de poder independiente. En última instancia, la autoridad divina prevalece sobre la autoridad política.

Esta doble autoridad está consagrada en la Constitución de la República Islámica e inevitablemente se inclina hacia lo divino, sobre todo en el segundo mandato de un presidente. Ahmadinejad no es una excepción a esta regla. De hecho, porque ha presionado más que sus predecesores, su estrella está cayendo más rápido. Por otra parte, la controvertida elección presidencial de junio de 2009 y la crisis política que le siguió dañaron irreparablemente su legitimidad democrática.

Jamenei se vio obligado a usar su autoridad para apoyar al presidente y desde entonces ha condenado en repetidas ocasiones el "Movimiento Verde" que se opuso a la reelección de Ahmadinejad. Como resultado, Ahmadinejad ha sido el presidente más costoso para Jamenei hasta la fecha, ya que obligó al líder supremo a agotar su poder frente a un enemigo común, medida que pone en cuestión su propio juicio y empaña su reputación.