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El reñidero asiático

LONDRES – Con el ataque terrorista de julio a la embajada de la India en Kabul, que dejó 41 muertos y el dedo de la sospecha apuntado a los servicios de inteligencia pakistaníes, el mundo hubo de recordar de nuevo por qué el subcontinente indio ha eclipsado al Oriente Medio como punto de máxima tensión del mundo.

Los dos candidatos presidenciales americanos, Barack Obama y John McCain, han expresado con claridad su esperanza de que el Gobierno del Pakistán adopte medidas contra los militantes y su disposición a autorizar ataques dentro del Pakistán, pero, para abordar los problemas de la región, será necesario un planteamiento euroatlántico más amplio.

La historia del fracaso occidental en el Afganistán ya es demasiado conocida y dolorosamente ilustrada, casi semanalmente, por la repatriación de soldados caídos de la OTAN, pero la historia se repite allende la frontera, en el Pakistán, con graves consecuencias para los dos países.

El optimismo que siguió a las recientes elecciones pakistaníes se ha vuelto preocupación, a medida que las negociaciones del Gobierno con los militantes parecen haber vuelto aún más seguro un refugio terrorista y más frecuentes los ataques contra las fuerzas de la OTAN en el Afganistán. El ejército y los servicios de inteligencia del Pakistán simpatizan con un credo islámico fundamentalista, los grupos militantes vinculados con al-Qaeda actúan libremente en su territorio y las luchas intestinas en el gobierno han dificultado el establecimiento de un control civil del ejército.