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Los árabes vuelven la mirada hacia si mismos

En todo el mundo árabe, la caída de Bagdad el 9 de abril se ve como un día vergonzoso, reminiscente del 5 de junio de 1967, cuando Israel derrotó a los ejércitos de tres países árabes, conquistando Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Oriental en tan sólo seis días.

Los intelectuales árabes, y de hecho todo el público árabe, están ahora ocupados intentando analizar y comprender las lecciones del terremoto iraquí. Mientras tanto, los partidarios del ex régimen baathista de Irak y otros más se están ocupando de defender la misma vieja mentalidad totalitaría. Su táctica ha sido obstruir una mirada clara a la catástrope iraquí, sugiriendo que toda crítica al régimen de Saddam equivale a apoyar la ocupación estadounidense en Irak.

Por ejemplo, Fahd Al-Fanek, ex miembro del Partido Baath, es ahora columnista del periódico jordano Al-Ra'i. En abril, escribió que la caída de Saddam en Irak "dio la oportunidad a los enemigos del régimen de derramar lágrimas de cocodrilo acerca de la democracia y denunciar la represión y la dictadura, dando una bienvenida indirecta a la ocupación estadounidense". Ninguno de estos sentimientos anti Saddam, argumentaba Al-Fanek, "tenía como intención servir a la causa de la democracia, sino apoyar la posición de EEUU y justificar la ocupación estadounidense".

Es interesante que estos apoyos retrospectivos a Saddam y su régimen dictatorial se encuentren con una creciente indignación en el mundo árabe, ya que los árabes comunes y corrientes sólo ahora están conociendo los crímenes perpetrados por el régimen del Partido Baath. Quienes justifican el gobierno de Saddam se están enfrentando ahora a algunas preguntas difíciles.