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Lo que los Estados Unidos desean en Egipto

PRINCETON – Tanto los Hermanos Musulmanes como la oposición liberal de Egipto están criticando rotundamente a los Estados Unidos, cosa que resulta problemática para la embajadora, Anne Patterson, para el Secretario de Estado, John Kerry, y para el Secretario de Estado Adjunto, William Burns, quien acaba de visitar El Cairo, pero también es evidente que los EE.UU. están intentando aplicar la política idónea.

Los EE.UU. están haciendo todo lo posible para no apoyar a un bando particular, sino más bien una concepción de la democracia liberal que entraña elecciones libres y justas y un modo de gobierno que respete y acepte las opiniones minoritarias y los derechos individuales. Sin embargo, para seguir por esa vía, será necesario hacer frente a Israel y a Arabia Saudí.

Los jóvenes que hace dos años y medio encabezaron la revolución de Egipto han sospechado de los EE.UU. simplemente porque apoyó el régimen del ex Presidente Hosni Mubarak durante treinta años. Desde la perspectiva de los EE.UU., el Presidente Barack Obama pasó en seguida del apoyo a Mubarak al apoyo al pueblo, pero no les pareció así a quienes protestaban en las calles de El Cairo. Cuando Mohamed Morsi, de los Hermanos Musulmanes, fue elegido Presidente en 2012, muchos egipcios supusieron que los Estados Unidos habían de haberlo apoyado, porque no podían imaginar que este país aceptara un resultado que no deseaba.

Cuando Patterson intentó colaborar con el gobierno de Morsi para poder perseguir los intereses de los EE.UU., ejerciendo incluso presiones para que aplicara políticas menos excluyentes y más respetuosas de los derechos, la oposición liberal consideró que estaba apoyando a los Hermanos Musulmanes, pero, cuando los EE.UU. se negaron a llamar “golpe militar” la destitución de Morsi por el ejército egipcio (designación que habría obligado a dejar de conceder los 1.500 millones de dólares de ayuda prestada anualmente al ejército egipcio), los partidarios de los Hermanos Musulmanes concluyeron que los Estados Unidos apoyaban la decisión del ejército.