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La pregunta de los 200 trillones de dólares

Quizá la tendencia más extraordinaria en la macroeconomía global en los últimos veinte años haya sido la sorprendente caída en la volatilidad del crecimiento de la producción. En Estados Unidos, por caso, la volatilidad de la producción trimestral cayó en más del 50% desde mediados de los años 80. Obviamente, la moderación en los movimientos de producción no ocurrió en todas partes al mismo tiempo. La volatilidad en Asia comenzó a caer recién después de la crisis financiera de fines de los años 90. En Japón y América latina, la volatilidad cayó de manera significativa recién en esta década. Pero, a esta altura, la caída se ha vuelto prácticamente universal, con implicancias importantes para los mercados de activos globales.

De hecho, el principal interrogante para 2007 es si la volatilidad macroeconómica seguirá cayendo, propiciando así otro año espectacular para los mercados y la vivienda, o si empezará a aumentar nuevamente, tal vez debido a las crecientes tensiones geopolíticas. Me inclino ligeramente por el escenario optimista, pero es necesario que inversores y estrategas políticos por igual entiendan las ramificaciones de un retorno a niveles de volatilidad más normales.

Los inversores, en especial, tienen que reconocer que incluso si continúan las tendencias positivas más generales en materia de globalización y de progreso tecnológico, un incremento en la volatilidad macroeconómica de todos modos podría producir una caída masiva de los precios de los activos. De hecho, los incrementos masivos de los precios de las acciones y la vivienda de los últimos 12 años aproximadamente quizá se deban tanto a la mayor estabilidad macroeconómica como a cualquier otro factor. Cuando la producción y el consumo se vuelven más estables, los inversores no exigen una prima de riesgo tan grande. Cuanto más bajo el precio del riesgo, más alto el precio de los activos riesgosos.

Consideremos lo siguiente. Si coincidimos con los muchos analistas que dicen que los precios de las acciones subieron demasiado, y tienen más probabilidades de caer que de seguir subiendo, puede ser que estemos en lo cierto -pero no si el riesgo macroeconómico sigue drenando del sistema-. A fines del año 2000, en el apogeo del auge de las acciones de Internet y apenas antes del colapso de 2001, los economistas James Glassman y Kevin Hassett publicaron Dow 36,000 . En ese momento, el promedio industrial Dow Jones de las acciones norteamericanas se estaba negociando a aproximadamente 11.000, de manera que el postulado del libro parecía desaguisado. Por cierto, el momento no fue oportuno: los precios de las acciones globales empezaron a colapsar pocos meses después, y les llevó años recuperarse completamente.