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La era de la adaptación

GINEBRA – El mundo debe dejar de mirar atrás. Desde la crisis financiera de 2008, hemos desperdiciado demasiada energía intentando volver a la época de la rápida expansión económica. La errada suposición de que los problemas del mundo posteriores a la crisis eran sólo temporales ha sustentado políticas que sólo han producido recuperaciones deslucidas, sin abordar problemas fundamentales como el elevado desempleo y la desigualdad en aumento.

La época posterior a la crisis se ha acabado y ya tenemos aquí el “mundo posterior a la época posterior a la crisis”. Ha llegado la hora de adoptar un nuevo marco de soluciones realistas que fomenten una prosperidad compartida dentro de la economía mundial de ahora y del futuro.

En esta nueva era, el crecimiento económico se dará más lentamente –pero de forma potencialmente más sostenible– que antes de la crisis y el cambio tecnológico será su fuerza motriz. De hecho, así como la Revolución Industrial transformó el potencial productivo de las sociedades en los siglos XIX y XX, una nueva ola de avances tecnológicos está remodelando la dinámica económica e incluso social actual. La diferencia radica en que las repercusiones de esta revolución serán aún mayores.

Un rasgo destacado de dicha revolución es la magnitud y la escala de las alteraciones que causa. La Revolución Industrial se produjo de forma relativamente lenta, como las olas largas en el océano; aunque comenzó en el decenio de 1780, no se sintieron de verdad sus repercusiones hasta los decenios de 1830 y 1840. En cambio, la revolución tecnológica actual afecta a las economías como un maremoto, sin apenas avisar y con una fuerza inexorable.