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Impuestos y gasto en la India

Un nivel impositivo demasiado alto puede reducir los incentivos y entorpecer el crecimiento. Pero un nivel demasiado bajo puede dar el mismo resultado. Los gobiernos con ingresos fiscales escasos no pueden suministrar servicios públicos básicos. Peor aún, los escasos ingresos fiscales en los países pobres son frecuentemente el resultado de defectos en los sistemas de recaudación de impuestos (más que de las bajas tasas impositivas) que también promueven la poca productividad en las empresas.

La India ilustra la importancia de un sistema de recaudación de impuestos bien diseñado. En Bangalore, las empresas de alta tecnología han construido instalaciones de calidad internacional con prados bien cuidados y redes de comunicación de alta velocidad. Sin embargo, fuera de estas instalaciones hay drenajes abiertos, basura sin recolectar y calles en pésimo estado. Mientras que las empresas de tecnología transmiten instantáneamente terrabytes de información a continentes remotos, el transporte local trabaja a un ritmo casi medieval.

Como resultado, las empresas en Bangalore tienen sus propios servicios de autobuses, contratan a proveedores privados de agua potable e instalan generadores para protegerse de las interrupciones en el suministro eléctrico. El Estado no puede arreglar el desastre porque está en quiebra. La deuda gubernamental de la India es de más del 70% del PIB, de manera que más de la mitad de sus ingresos fiscales se dedican al pago de intereses.

Pero la deuda no es consecuencia de un gasto excesivo en el pasado. El gasto gubernamental de la India es de aproximadamente el 15% del PIB, en comparación con un promedio de alrededor del 40% del PIB en la OCDE. Más bien, las dificultades financieras de la India surgen de un sistema impositivo mal diseñado y mal administrado. Las tasas y las reglas para los impuestos al ingreso personal y corporativo son razonables bajo criterios internacionales. Sin embargo, el gobierno de la India recauda impuestos al ingreso que llegan apenas a aproximadamente el 3.7% del PIB, más o menos la mitad de lo que perciben Corea del Sur y otros tigres asiáticos.