Stalin vive

El legado de los dictadores muertos de los regímenes totalitarios vencidos ya no debe ser ambivalente. Sólo los lunáticos marginales de Alemania se atreven a conmemorar a Hitler. Ni siquiera los restos patéticos del Khmer Rouge celebran el recuerdo de Pol Pot. Sin embargo, a medida que se aproxima el 60° aniversario de la victoria de Rusia sobre la Alemania nazi, recordar el papel de Stalin en ese triunfo está resultando demasiado incómodo.

En efecto, a principios de año, Moscú se enfrascó en debates sobre si se debía construir una estatua del dictador muerto o no. En las grandes librerías de Rusia una enorme cantidad de historias y biografías políticas se ocupan de Stalin y su era. Algunas de ellas, basadas en materiales de archivo recientemente abiertos, son críticas. Pero la mayoría de esos libros y autores describen a Stalin de manera positiva. De hecho, cuando se le pide a los rusos que ennumeren a las personas más importante del siglo veinte, Stalin sigue empatado en el primer lugar --con Lenin.

Algunos ven la mano de lo que queda del Partido Comunista detrás de esto. El Partido se ha alejado de sus viejos ideales leninistas, a medida que busca apoyo hoy en día mediante una mezcla de nacionalismo ruso, cristianismo hiperortodoxo y "estalinismo de Estado".

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