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La victoria pírrica de Erdoğan

ESTAMBUL – El atribulado primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan y su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, por su sigla en turco) emergieron victoriosos de las elecciones locales esta semana. Sin embargo, no parece probable que el triunfo del AKP vaya a mejorar los conflictos internos del país ni, mucho menos, devolver brillo a su deslucida posición internacional.

Las elecciones locales fueron, en gran medida, consideradas un referéndum sobre Erdoğan. El AKP recibió el 44 % de los votos nacionales y controla ahora a 49 de las 81 municipalidades metropolitanas de Turquía, incluidas Estambul y la capital, Ankara. La principal fuerza opositora, el Partido Republicano del Pueblo (CHP, por su sigla en turco), de centroizquierda, recibió el 26 % de los votos y solo ganó en 13 municipalidades.

El resultado puede entenderse como una reivindicación de la estrategia de polarización política usada por Erdoğan para consolidar su apoyo y contrarrestar el desafío a su liderazgo por parte de los seguidores de su antiguo aliado, el imán residente en EE. UU., Fethullah Gülen. Con el apoyo inicial del AKP, el movimiento de Gülen infiltró gradualmente las instituciones estatales, especialmente el poder judicial y las fuerzas del orden, hasta que la alianza terminó con una enconada escisión por la distribución del poder en Turquía.

El resultado final fue una guerra sucia de acusaciones de contubernios que se difundieron a través de los medios sociales, según parece, principalmente por los seguidores de Gülen. Como respuesta, el gobierno ha calificado a sus oponentes de enemigos e intentó promulgar nuevas leyes que socavan la independencia del poder judicial y restringen la libertad de expresión, incluidos los bloqueos de Twitter y YouTube.