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¿Se debe hablar sobre raza e inteligencia?

PRINCETON, NJ – La intersección de la genética y la inteligencia es un campo minado intelectual. El ex presidente de Harvard, Larry Summers, detonó una explosión en 2005 cuando sugirió tentativamente una explicación genética del por qué le resultaba difícil a su universidad reclutar profesoras de matemáticas y física. (No sugirió que los hombres sean en promedio más aptos en estos campos que las mujeres, sino que existe alguna razón para creer que es más probable encontrar hombres que mujeres en los extremos superior e inferior de las capacidades en estas áreas – y Harvard, por supuesto, sólo contrata a las personas que estén en el extremo superior.)

Ahora, uno de los científicos más eminentes de nuestro tiempo ha tropezado de forma mucho más torpe en ese mismo campo minado, con resultados predecibles. En octubre, James Watson, que en 1962 compartió el Premio Nobel por su descripción de la estructura del ADN, viajó a Londres para promover sus memorias Avoid Boring People and Other Lessons From a Life in Science (Evite a la gente aburrida y otras lecciones de una vida en las ciencias). En una entrevista con el Sunday Times de Londres sostuvo que las perspectivas de África no le parecían muy favorables porque "Todas nuestras políticas sociales se basan en el hecho de que la inteligencia de ellos es igual a la nuestra –mientras que todas las pruebas demuestran que ese no es el caso". Añadió que le gustaría que todo el mundo fuera igual, pero que "la gente que tiene que tratar con empleados negros se da cuenta que no es así".

Watson intentó aclarar sus comentarios en una entrevista posterior con The Independent , en la que dijo que:

            El deseo abrumador de la sociedad es suponer que el poder de raciocinio igual es una   herencia universal de la humanidad. Bien podría serlo. Pero el hecho de         desearlo no es suficiente. No   es científico. Cuestionar esto no es caer en el             racismo.