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Revolución burguesa en India

NUEVA DELHI – En 2009, cuando participé en las últimas elecciones parlamentarias indias, mi situación era un tanto atípica: no era un político profesional. En cambio, todos los demás candidatos de mi jurisdicción –de hecho, la mayoría de los aspirantes en todo el país– habían dedicado la totalidad de sus vidas a la política, muchos, desde sus tiempos de estudiantes.

No nací en una familia política; no tenía un escaño ni un feudo para heredar; e ingresé a la competencia sin un «padrino» político. Ni siquiera había vivido en la India durante décadas, ya que pasé mi vida adulta en el extranjero, trabajando para las Naciones Unidas. Sin embargo, me las arreglé para arrebatarle una banca al opositor Partido Comunista de la India, que había ganado las dos elecciones anteriores en mi jurisdicción, con un margen sustancial de 100.000 votos.

Esta victoria representó una pequeña grieta en la bien custodiada fortaleza de la política india, desde hacía mucho tiempo reservada a un grupo pequeño y, en gran medida, hereditario. Las únicas excepciones habían sido estrellas de la pantalla grande, cuyo atractivo popular se basaba más en la fama que en su linaje político. Los profesionales que habían desarrollado carreras y reputaciones en otros campos sencillamente no encontraban resquicio.

Pero es posible que finalmente esto esté cambiando. En la elección general actual hay más candidatos sin trayectoria política que en cualquier otra votación anterior. Por ejemplo, Nandan Nilekani, cofundador del gigante tecnológico Infosys se presenta por el Partido del Congreso en Bangalore, la capital informática de la India, contra quien ejerce el cargo desde hace cinco períodos en representación del Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party, BJP).