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Sexismo y apatridia

EINDHOVEN – Neha es una joven nepalí, nacida en Nepal y cuya madre es nepalí. Creció allí y soñaba con ser médica, pero a pesar de ser una estudiante brillante, primera en su clase, Neha no pudo rendir el examen de ingreso a la facultad de medicina. Esa ambición quedó insatisfecha porque no era considerada ciudadana nepalí.

Nepal es uno de los 24 países que niegan a las mujeres el derecho a transmitir su nacionalidad a los hijos. También es uno de los casi 50 estados donde las mujeres no disfrutan los mismos derechos que los hombres a la hora de adquirir, cambiar o mantener su ciudadanía, o de transmitir la ciudadanía a sus cónyuges.

Las leyes de nacionalidad de esos países están enraizadas en la discriminación sexual y las normas patriarcales: se supone que la identidad nacional y familiar fluye directamente de los hombres, y que las mujeres son ciudadanos de segunda clase. Resulta increíble que un cuarto de los países aún impongan leyes ostensiblemente sexistas. Nadie cuestiona la decisión cuando un hombre decide casarse con una extranjera y transmitir su nacionalidad a su esposa e hijos, pero cuando una mujer decide casarse con un extranjero, o cuando no hay un padre presente, la situación se entiende como un error por su parte.

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