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El México del Chapo

CUIDAD DE MÉXICO– La captura de Joaquín “Chapo“ Guzmán –uno de los delincuentes más buscados del mundo- es apenas una victoria en la larga lucha contra los narco traficantes. Hace falta mucho más para cambiar el círculo vicioso de violencia y corrupción que degrada la legalidad en México, no importa que El Chapo haya sido hasta su detención el jefe del cartel de Sinaloa, el más importante del país.

El presidente Enrique Peña Nieto se beneficia directamente de la detención del jefe del Cartel de Sinaloa, el más importante del país, y de su muy probable extradición a Estados Unidos. Le hacía falta. La mayoría de los mexicanos parece desencantada de su administración. Según Reforma, el periódico más influyente del país, la tasa de aprobación a su gestión cayó de 67% a 40% entre las élites, y de 63% a 55% en población general durante su primer año.

Pero necesita mucho más. La gestión de Peña Nieto es una paradoja. En sólo 14 meses ha sido capaz de orquestar consensos necesarios para aprobar reformas urgentes en el sistema educativo, por ejemplo, y para abrir el sector ejergético a la inversión extranjera. Pero, al mismo tiempo, sabotea su propio proyecto con un estilo de gobierno que limita su eficacia.

Es cierto que Peña Nieto ha elegido a un equipo de profesionales para conducir su gabinete de seguridad. Pero otras áreas de su gobierno padecen de los hábitos que él adquirió como gobernador del muy tradicional Estado de México, que rodea a la capital y es el más populoso del país. Por privilegiar la lealtad política ha incorporado a colaboradores ineptos en algunas áreas, no se ha comprometido con la transparencia y no combate a la corrupción que desvasta al país.