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Que vengan los payasos

Nueva York -- Beppo Grillo es uno de los cómicos más famosos de Italia. También es uno de los analistas políticos más influyentes de Italia. Su blog atrae 160.000 visitas diarias, y si pudiera postularse para el cargo de primer ministro (no puede, por una causa penal), más de la mitad de los votantes de Italia, según una encuesta realizada el año pasado, habrían considerado votar por él.

Grillo es también otro recordatorio de un fenómeno moderno: el papel importante de los comediantes en la política contemporánea. Hasta hace unos años, el único programa de televisión al que recurría la mayoría de los mexicanos en busca de información política se llamaba El mañanero , emitido entre las 6 y las 10 de la mañana. El conductor, entrevistador y principal analista era Víctor Trujillo, más conocido como Brozo el Payaso, disfrazado con una peluca verde y una nariz de goma roja. Fue Brozo el Payaso el que expuso un importante escándalo de corrupción en la oficina de un ex alcalde de la Ciudad de México.

Mientras que los analistas serios de la televisión formulan las preguntas normalmente insulsas durante los debates presidenciales en Estados Unidos, los candidatos saben que lo verdaderamente importante es provocar risas en los programas cómicos de David Letterman o Jay Leno. Y, durante varios años, los liberales norteamericanos buscaron en Jon Stewart, otro talento cómico, los comentarios políticos críticos.

Por supuesto, el entretenimiento cómico en la política no es sólo un fenómeno moderno. Nerón era un asesino que entendía que tenía que entretener a las masas para ganar el apoyo popular. Luego está la larga tradición del bufón de la corte con licencia para criticar al déspota endulzando sus púas con bromas. La cena anual del Club Gridiron en Washington, donde el presidente es satirizado por la prensa, es una reliquia de esta costumbre.