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Cómo salvar al Banco Mundial

OXFORD – El Banco Mundial está cayendo silenciosamente en la insignificancia, a medida que sus principales clientes, los que pagan comisiones, buscan otros prestamistas. Para que sobreviva, sus directores tendrán que optimizar su proceso de aprobación de créditos y los activos únicos que lo distinguen de sus competidores.

El Banco alguna vez ganó cómodamente lo suficiente como para ser autosustentable, pero hoy día está pasando rápidamente a depender de la ayuda gubernamental. Las contribuciones periódicas de gobiernos adinerados han apuntalado los créditos a los países pobres, pero es poco probable que aumenten y algunas pueden ser discontinuadas cuando los donantes reorienten sus presupuestos de asistencia hacia los programas para refugiados.

El problema no es que las economías emergentes no deseen créditos; necesitan fondos desesperadamente para infraestructura y otras inversiones. El problema es que el Banco es demasiado lento para procesar los créditos y eso lo ha llevado cada vez más a ser la última opción para muchos de sus clientes potenciales.

Mientras que un prestamista comercial puede demorar tres meses en preparar y desembolsar un crédito, al Banco le lleva más de dos años. Y los esfuerzos para acelerar el proceso, que comenzaron en 2013, solo redujeron ligeramente el tiempo promedio: de 28 a 25,2 meses; en algunas regiones (que representan un tercio de los créditos del Banco) la espera en realidad ha aumentado.