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Viviendo el sueño saudita

IRVING, TEXAS – Arabia Saudita lo quiere todo: salvar la OPEP, lograr la industrialización y la diversificación de sus ingresos, y conservar su cuota de mercado del petróleo crudo, sus subproductos, los petroquímicos y el gas natural licuado (GNL). La factibilidad de todo esto estará determinada en gran medida por lo que vaya aconteciendo en la industria del gas de esquisto en los Estados Unidos.

La revolución del esquisto estadounidense ha dividido a la OPEP según la calidad del crudo de sus miembros. Los exportadores de crudo ligero dulce (como Argelia, Angola y Nigeria) han perdido casi la totalidad de su cuota de mercado en los EE.UU., mientras que los exportadores de crudo sulfuroso o más pesado, como Arabia Saudita y Kuwait, han perdido poco.

Puesto que casi todo el crudo producido por los Estados del Golfo es sulfuroso, y la mayor parte del excedente mundial es dulce, si Arabia Saudita y sus vecinos redujeran la producción no lograrían que los precios volvieran a subir para reequilibrar el mercado del petróleo. La única manera de hacerlo -y evitar una ruptura de la OPEP- sería reducir la producción de crudo ligero dulce, incluso por parte de los productores estadounidenses, que por tanto perderían parte de su cuota de mercado. Si esto ocurriera, se podría esperar que los precios del petróleo volvieran a subir con relativa rapidez.

Si, sin embargo, Arabia Saudí sigue estando más comprometida con sus objetivos estratégicos de desarrollo, podrían persistir los bajos precios del petróleo. Desde la década de 1970, varios miembros de la OPEP, liderados por Arabia Saudita, se han esforzado por diversificar su base industrial mediante la promoción de sectores con ventajas comparativas, como la petroquímica, y la construcción de megarefinerías para permitir la exportación de productos con valor agregado. Al mismo tiempo, han ido ampliando las exportaciones de líquidos de gas natural, que no se cuentan en las cuotas de la OPEP, a fin de aumentar sus ingresos.