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La ruptura secreta de Sarkozy

PARÍS – Hace un año, durante su campaña por la presidencia de Francia, Nicolas Sarkozy prometió una “ruptura” con el pasado. Hasta ahora, pocos franceses han visto la ruptura que Sarkozy prometió. Pero se equivocan si piensan que nada ha cambiado en el primer año de su presidencia. De hecho, Sarkozy ha creado una ruptura, aunque en una esfera inesperada: el consenso en política exterior que ha existido desde la época de Charles de Gaulle.

Naturalmente, es imposible en una etapa tan temprana evaluar con precisión las repercusiones estratégicas a largo plazo de la aparente decisión de Sarkozy de reintegrar a Francia al mando militar integrado de la OTAN y fortalecer el compromiso francés con las operaciones de esa Organización –por primera vez en su historia—en Afganistán. Pero las implicaciones de estas decisiones son claras: bajo Sarkozy, Francia está de nuevo en el corazón de la Alianza Atlántica.

Si bien esto puede no parecer importante fuera de Francia, la revolución de la política exterior de Sarkozy ha generado una fuerte oposición en el país. En efecto, todos los partidos de izquierda denuncian la ruptura de Sarkozy con la herencia militar y diplomática de la Quinta República.

Por supuesto, la raíz del verdadero problema de la izquierda con la política de Sarkozy es su concepción de la relación de Francia con Estados Unidos. Sin duda, la desconfianza hacia Estados Unidos no ha sido una postura exclusiva de la izquierda. Muchos gaullistas a lo largo de los años también han dado muestras de sentimientos antiestadounidenses. Pero aunque Sarkozy no haya convencido a su partido de los méritos de los Estados Unidos de George Bush, sí ha suavizado su habitual recelo de ese país. Como resultado, se ha abierto una división entre izquierda y derecha en esta área central de la diplomacia francesa – una división que no se veía en Francia desde hace cuatro décadas.